Cómo mejorar el síndrome postvacacional. El perro y el clavo.

Lo entiendo. Porque yo también he vivido así en otras épocas de mi vida. Esperando al próximo puente, a las próximas vacaciones, al siguiente viaje o días de descanso. Aplazando a esos momentos de nuevo mi disfrute vital y plenitud. Viviendo en futuro…

Pero permíteme que te traiga hoy una fábula, la de “El perro y el clavo”, con el fin de arrojar un poco de luz sobre esa situación en la que, lo creas o no, tienes más margen de maniobra del que seguramente estés vislumbrando ahora mismo.

Andaba un hombre paseando por la calle cuando, al pasar por delante de una casa, escuchó que venía del interior el sonido de los gemidos de lamento de un perro.

Al llamarle esto la atención, se acercó y se asomó por encima de la verja, para ver si el animal necesitaba ayuda por encontrarse solo en la casa. Sin embargo, se dio cuenta de que no era así: pues vio que el perrito estaba tumbado en el suelo del porche gimiendo como si algo le doliera,  y junto a él se encontraba un señor, sentado en una mecedora y leyendo sin inmutarse por los quejidos del animal.

El hombre desde fuera, extrañado al observar esta situación, quiso interesarse: 

– Oiga, disculpe: ¿Le sucede algo al animal? ¿Puedo ayudarle? Se le escucha desde fuera quejarse como si algo le estuviera doliendo…

El señor, sin moverse de su mecedora, le agradeció el interés y le respondió: 

– Sí, exacto: se está quejando.

El hombre, todavía apostado en la verja y sin entender muy bien su actitud, le insistió:

– Y… ¿sabe ya qué le sucede? ¿Lo ha llevado al veterinario?

– Sí: el problema que tiene es que está tumbado sobre un clavo que sobresale del suelo, y le está doliendo. 

– ¿Eso es todo? Pero entonces… ¿por qué no se mueve a otro sitio?

– Mire: el perro elige tumbarse siempre y a diario en ese mismo sitio, justo donde está el clavo que sobresale y le pincha. Pero parece ser que el clavo, aunque le pincha lo suficiente como para quejarse y llorar, no es suficiente como para hacer el esfuerzo de cambiar de lugar.

Por qué nos compensa vivir en la queja

A la vuelta de las épocas vacacionales la tristeza profunda y la desazón que nos acompaña en ocasiones viene cargada también de un incremento de nuestras quejas y lamentos diarios. Nos quejamos amargamente diciendo estar hartos de una situación o de algunas personas en concreto, y replicamos que es hora de cambiar pero acabamos por no hacer nada para mejorar nuestra situación y volver a la rutina de siempre por más que haya cuestiones que no nos convenzan y sobre las que podríamos actuar de algún modo.

Y es que, aunque nos cueste creerlo, inconscientemente preferimos vivir en la queja y el lamento de lo desgraciad@s que somos, y culpar a familiares, compañeros de trabajo, al jefe, al tiempo, a los políticos o al destino de nuestras desgracias. Lo preferimos porque es más cómodo, en el fondo, que hacernos responsables de nuestra situación y tomar decisiones que nos saquen de la zona de confort. Porque tenemos miedo a fallar o equivocarnos, así es que es mejor asumir que son otras personas o situaciones las responsables de mis males y mantenerme con mis molestias o dolores diarios. Eso me licita para quejarme. Eso me licita para no hacer nada… y así no errar al tratar de innovar.

Y no nos damos cuenta de que vivir en la queja tiene un coste y un peso importantísimo para nuestro bienestar emocional que redundará a la larga también en el bienestar físico. Porque vivir en la queja nos desempodera, nos deja sin margen de maniobra para actuar. Es el extremo opuesto a liderar tu vida, a ser dueñ@ de tus decisiones, dueñ@ de tu propósito y motor vital.

Cómo afrontar el malestar emocional si surge con la vuelta a la rutina

¿Qué podemos hacer para cambiar nuestra perspectiva y sentirnos un poco menos víctimas de la situación?

No todo es blanco o negro: siempre va a haber aspectos que no puedas cambiar de tu vida y con los que tengas que convivir, aceptándolos como base de tu realidad sobre la que construir una vida más acorde con tus deseos y anhelos.

Pero también te aseguro que siempre va a haber, por contra, muchos otros aspectos que sean resultado de tu elección, y sobre los que sí puedes actuar. La cuestión es poner el foco sobre éstos últimos, y no sobre los anteriores, como punto de partida para dar unos primeros pasos que te saquen de la situación en que estás ahora, aunque no te lleven todavía a la situación que visualizas como “ideal”. Sólo este hecho de cambiar el enfoque ya va a generar en tí una predisposición más positiva: es lógico, porque tu cerebro advierte que hay posibilidad de mejora ante una situación actual desagradable, hay esperanzas, y eso genera un estado emocional distinto. Esta actitud es la proactividad.

Desde esta perspectiva, creo que lo primero que toca hacer es reflexionar para ver por dónde comenzar a dar esos primeros pasos, haciéndonos algunas preguntas:

  • Piensa detenidamente y con honestidad, ¿por qué te compensa (inconscientemente, claro) seguir viviendo una situación concreta con dolor o malestar? ¿Cual es el coste de oportunidad que está teniendo para tí mantener esta situación? Es decir, ¿qué posibilidades te estás perdiendo por “elegir” mantener esa situación (sobre la que sí podrías actuar)?
  • ¿Qué riesgos temes correr si tomas una decisión de cambio sobre lo que te molesta o no te gusta de tu situación actual?
  • ¿Qué es lo peor que podría suceder si te equivocas?
  • ¿No merece la pena el esfuerzo que acarrea probar un cambio para tomar las riendas de tu vida? 
  • ¿Qué tipo de cambio alternativo a la queja estás contemplando? ¿Te está limitando la magnitud del mismo?

Quizás sea esto último sobre lo que puedas comenzar a trabajar para que la magnitud de esos cambios que contemplas como pequeñas mejoras de tu situación actual y sobre los que sí tienes capacidad de actuación deje de bloquearte para dar tus primeros pasos. Esto es lo que yo llamo en mis procesos de coaching plantearse metas “ecológicas” y sostenibles con tu contexto vital actual. De lo contrario, veremos esos retos tan ambiciosos e imposibles que siempre nos acabará compensando más quedarnos en la queja diaria que invertir un enorme esfuerzo y correr grandes riesgos.

8 comentarios en «Cómo mejorar el síndrome postvacacional. El perro y el clavo.»

  1. Cuanta verdad en cada palabra que dices, por desgracia existe mucho conformismo nos quejamos de que no nos gusta algo en nuestra vida de cualquier aspecto…profesional y personal…pero porque tenemos tanto miedo a dar el paso y salir de la zona de confort?porque no nos permitimos estar mal…y estar mal es daño es enfrentará las situaciones y dejar que el cuerpo asimile..
    Cada día trabajo más cuidar mi yo, eliminando las cosas tóxicas de mi vida que hacen minar la seguridad en una para enfrentar estas situaciones y valorar más cada momento.
    Muchas de estas herramientas me las has dado tú Sandra Solís❤️❤️
    Así que vivamos la vida tal cual es y dejemos de ponernos más peso encima y menos excusas para vivir lo que deseamos.

    1. Hola Tamara. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Es muy humano tener miedo a salir de la zona de confort: nuestros mecanismos de supervivencia funcionan muy bien en ese sentido. Sin embargo, el ser humano es mucho más complejo y profundo, y “sobrevivir” no es suficiente para ser feliz y tener una vida plena. El problema viene cuando el miedo es tan paralizante que no nos atrevemos a dar ni un sólo paso hacia una vida más cercana a lo que deseamos. Por eso yo hablo de plantearnos objetivos “ecológicos”, incluso también con ese miedo: los grandes cambios sostenibles en el tiempo comienzan con pequeños pasos, que no nos bloqueen y que supongan ya un cambio con respecto a la posición en la que estamos. Pero no hacer nada y quejarnos sólo agrava nuestro malestar a la larga, aunque muchas veces no seamos conscientes de ello. Nuestro lenguaje, también el interno, configura enormemente nuestra realidad.

      Me alegro enormemente de que dispongas de herramientas con que poder llevar una vida cada vez más consciente: ese es el paso más importante para cualquier evolución personal y profesional. ¡Muchísimas gracias por compartir tu visión y comentarlo aquí en el blog!

  2. Totalmente de acuerdo contigo, el miedo a lo desconocido nos hace paralizarnos en situaciones nada confortables pero que nos hace sentirnos mas seguros porque son las que conocemos y creemos que controlamos. El salto al vacío de nuestra zona de confort nos va a abrir tantas y tan diversas oportunidades de cambio que nuestra vida la podemos dirigir allí donde este nuestra felicidad.
    Enhorabuena por este gran articulo, Sandra

    1. ¡Hola Natividad! Me ha encantado que digas “…creemos que controlamos”. Porque efectivamente, muchas veces permanecemos en situaciones poco confortables pensando que tenemos mayor control sobre lo que va a suceder en ellas, cuando es totalmente ilusorio. Lo único que puede depender de nosotros en la manera en que respondemos a las circunstancias externas, que en cualquier momento pueden dar un giro de 180º a esa situación de supuesta seguridad. Suelo decir que nada realmente interesante sucede dentro de la zona de confort. Así es que me alegra que tú también lo creas, y si ello te ayuda a explorar de forma sostenible en la zona de aprendizaje y saliendo poco a poco de la de confort, ya estás ganando mucho :-).

      ¡Muchísimas gracias por comentar y leerlo!

  3. La persona que se queja por sistema muestra la debilidad de su carácter, al tiempo que su incapacidad para analizar con algo de criterio la situación que vive y le atormenta.

    Porque las situaciones no son blanco-negro absoluto y lo que hay que hacer es identificar con nitidez los hechos en los que debe actuar con el fin de conseguir esas pequeñas mejoras en sus vidas.

    Y para ello solo hace falta tener una mente algo crítica, algo de análisis y decisión. Con esas pequeñas “herramientas” la mejora que se puede obtener es más que real.

    1. Hola Miguel.

      Toda la razón en que las situaciones no son “todo” o “nada”. Es cierto que en nuestra sociedad actual nos permitimos pocas veces parar a pensar para hacer ese análisis que indicas, y que desde mi punto de vista es imprescindible en el ejercicio del autoliderazgo. E imprescindible para algo que es necesario para trascender la queja o hacerla más “útil” para nosotros mismos: que es ser conscientes de que vivir en ella no va a cambiar nuestra situación, y de que sólo nuestra habilidad para actuar y decidir ante lo que nos acontece es lo que puede hacerlo.

      Sucede muy a menudo también que parar a pensar nos trae dolores de cabeza y desenpolva a veces cuestiones que no nos gusta mirar… por eso yo propongo que, en lugar de castigarnos por ello (por no haber querido parar a pensar antes o por encontrar cosas de nosotros que no nos gustan), lo aceptemos como parte de nuestra vulnerabilidad humana, seamos más comprensivos con nosotros mismos, y con que las acciones y decisiones que tomamos en cada momento son las que creemos mejor en ese preciso instante, con los recursos que tenemos. Como humanos que somos, erramos a veces. Y no pasa nada. Como humanos también tenemos la capacidad de enmendarlo o reanudar el camino en otra dirección. Pero si no probamos a ser proactivos, no sucederá ninguna de ambas cosas, y seguiremos en la queja.

      ¡Muchísimas gracias por contribuir aportando tu punto de vista!

  4. Buenos días Sandra,
    Creo que nos has presentado en este artículo, las distintas opciones que nos planteamos ante cualquier desafío en nuestras vidas, y que según pasa el tiempo, y cómo tengamos de cargada la mochila, así de menos difícil será nuestra elección. Saltar de una forma de vida, es algo que produce vértigo, no así retocar esos detalles que molestan.
    También me gustaría destacar que, ver el aspecto crítico de nuestro entorno en el que nos desenvolvemos, nos hace ser personas pro activas y no sumisas. Por supuesto sin ningún tipo referenciado de ejemplo.
    Muy acertado tu artículo, y muy bien servido para un mes de septiembre.

    Gracias.

    1. ¡Muy buenas Flix!

      Muchísimas gracias por leerlo y me alegro de que haya aportado algunas ideas interesantes con él, esa era mi intención.

      Como dices, la perspectiva de “retocar esos detalles que molestan” poco a poco en lugar de plantearnos cambios abismales es lo que nos ayuda a ir dando pasos al frente, si la magnitud de esos detalles nos resulta asumible: el vértigo se rebaja y sentimos que podemos con ello. Siempre me gusta citar a Josef Ajram cuando hablo de esto, porque él hablaba en una de sus conferencias de correr las maratones más duras pensando en llegar sólo al siguiente punto de avituallamiento. Efectivamente, la carrera se hace más o menos complicada también según el peso de nuestra mochila, algo con lo que debemos ser consecuentes, pero ante todo, conocer en profundidad y con valentía para re-definir nuestras propias metas, nosotros sabemos mejor que nadie lo que nos resulta coherente o sostenible con nosotros mismos. En esos procesos de conocimiento profundo a veces nos damos cuenta también de pesos con los que cargamos que no son nuestros ni nos corresponden, y es un punto muy interesante para liberar parte de la carga que nos permita seguir creciendo.

      El espíritu crítico es imprescindible, desde mi punto de vista, liberándolo de etiquetas y preceptos exteriores para sentirnos menos presionados y más auténticos, desde luego. Y creo que nos debe servir de impulso para actuar desde nuestro ámbito de influencia para ser verdaderamente proactivos y contribuir a promover esos pequeños cambios, sin duda, desde un lugar en que tenemos margen de actuación. Siempre lo hay.

      ¡Muchísimas gracias por sumar tu visión!

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